Populismo Colosal

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En verdad que estoy algo ansioso por el momento en que acabe este segundo gobierno aprista. No porque tenga alguna simpatía por algún candidato y quiera verlo en el sillón presidencial. No. La verdadera razón es un cierto temor a que el gobierno saliente empiece a generar dicharacheramente una serie de pasivos que no solamente degenerarían en problemas para el gobierno entrante sino para la continuidad del crecimiento peruano.

Muchos opinan que el Alan García de ahora ya no es el de antaño. Yo no lo viví en carne propia. Pertenezco a una generación que nació bajo la sombra de su pésimo primer gobierno y hacia mí sólo han llegado a manera de anécdotas sus excentricidades. Sin embargo, de la manera cómo se comporta ahora estoy convencido de una cosa: no sólo tiene un “ego colosal”, sino que también es portador de una enfermedad espantosa, el “populismo colosal”.

Y lo digo por la forma tan abierta con que se comporta más que como un mandatario, como un soberano al que obedecer. Cuya palabra es ley. Abstraigámonos de la realidad por unos segundos (como buen economista) y supongamos que el orondo Alan avanza por un pueblo joven y se le acerca algún poblador pidiéndole alguna obra. ¿Qué creen que haría Alan García? ¿Le explicaría al poblador lo difícil que es asignar dinero a algo que no estaba previamente presupuestado o se zurraría por completo en todo (y en todos sus ministros) y le ofrecería no sólo lo que le pidió y más? Y es que su, llamémosle así, “impulsividad” le lleva a utilizar el poder para satisfacer una serie de apetitos propios.

Impuestos Alan - Carlin

Y el por qué de mi post fue una noticia ya pasada en la cual Alan se anticipaba todos y en una jugada muy calculada políticamente afirmó que el IGV iba a ser reducido en 1%. Y al decir que se anticipaba a todos, me refiero prácticamente a TODOS. Pues ni su propio Ministro de Economía, el Ing. Benavides, estaba enterado y se limitó a decir algo que en síntesis sonaba así: “sí, lo hemos pensado, que tal vez, que podría ser… pero todavía no hemos hecho ni siquiera una simple proyección”.

La reducción del IGV según nuestro ministro ha de incrementar la recaudación y ayudará a la formalización. Disculpen pero tal idea me suena a dogma neoclásico. Bush trató de paliar la reciente crisis disminuyendo los impuestos a los de mayores ingresos en EE.UU. y no obtuvo ningún resultado reactivador. Se puede argumentar que las situaciones son diferentes, pero si se fijan bien en el fondo es lo mismo. La hipótesis es que una reducción de impuestos estimula la economía (cualquiera fuera el mecanismo), si lo contrastamos con la realidad (en EE.UU.) y vemos que no ha tenido ningún impacto entonces rechazamos la hipótesis. Simple como ello.

Alan 2016 - Carlin

Por otro lado, disminuir la recaudación estatal, en un país que no está acostumbrado a tributar, de hecho ha de desequilibrar algo presupuestado previamente. ¿Quién tendrá que componer esto? Bah, a Alan eso ya no le importa. Al contrario si pudiese hacer uso de alguna otra promesa electoral de algún otro candidato por ahí, estaría encantado. Total, él ya trabaja para su reelección.

Habana Libre

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Tuve la fortuna de viajar a Cuba recientemente y conocer una realidad que tantas veces había leído en el blog Generación Y, de Yoaní Sanchez. Por supuesto que la experiencia no iba a ser la misma que la de aquellos cubanos que día a día viven y sobreviven en una isla de la cual yo no entendía por qué tanto alboroto. Comprenderán que este post no es un relato de mis aventuras cubanas sino la narración desde la mirada de un economista.

Curiosamente me sentí contento, como a quien le dicen que va a conocer alguna civilización casi extinta. De comunistas/socialistas o como quisiesen denominarse. Ideas que para el mundo occidental ya habían demostrado ser fallidas. Quería conocer cómo era ese Socialismo del Siglo XX y si en algo era mejor que ese Socialismo del Siglo XXI que cierto individuo agorilado pretende hacer creer (al pueblo venezolano) que es la vanguardia del pensamiento económico.

Una señorita que de casualidad viajaba conmigo en esos andares por La Habana señaló algo que me pareció curioso y que se vende como una idea exótica y superior. Y la frase que soltó fue “y es que aquí todos son iguales”. ¿Iguales? En qué sentido son iguales. Porque previamente el guía había explicado que los cubanos ricos habían decidido emigrar durante la revolución… y ahora todos eran iguales.

¿Pobres? Fue el primer pensamiento que me asaltó. Podrá sonar insensible pero esa era la realidad que se me revelaba a cada paso. No había vuelta que darle. Todos eran pobres. Por consiguiente, todos eran iguales. (Con sus excepciones revolucionarias, como se ve en la foto.)

Un Audi A4 avistado alegremente en La Habana, donde todos son iguales.Audi - Habana

Un paréntesis: una de las cosas que me pareció muy interesante fue que el racismo parecía inexistente. La isla había sido colonizada por españoles y por negros africanos. Sus descendientes pueblan la isla y no existe entre ellos – al menos en mi experiencia – un atisbo de desprecio entre ellos. Para mí, algo sorprendente y tal vez uno de los mayores éxitos de la revolución: creó un pueblo que no distingue por el color de piel.

Se me hizo notar que “todos eran iguales”… pero tal vez en cuanto a su riqueza material. En lo que podían adquirir. Sin embargo, en ciertas miradas se podía distinguir inconformismo, esa característica tan humana de querer más de lo que tenemos, de ser más de lo que somos. No un simple homo economicus, sino un hombre completo. El sentirse que esa situación no podía ser así.

Tuve la oportunidad de conversar con muchos habaneros. Si bien algunos se sentían felices viviendo así, otros, los de mirada disconforme referían que la vida no podría sobrellevarse si no trabajaban todos (dentro de la familia) por los quince pesos convertibles que ganaban al mes (alrededor de 16.20 dólares). Ellos no querían ser iguales y les estaban negando la oportunidad de sobresalir. Tal vez sus necesidades básicas estaban satisfechas. Tal vez tenían comida, vestido, educación, salud. Pero algunos quieren probar qué se siente sobresalir. Ser mejor que los demás. En general libertad.

Libertad como la describiría Amartya Sen. Aquella libertad que nos hace más felices, que nos hace “más ricos”, una riqueza intelectual, espiritual, cultural. Y en Cuba, una nación que se jacta de tener unos niveles altos de educación y salud, falta libertad. Qué importaba ya la libertad de expresión si ni siquiera la libertad de prosperar, de sobresalir se puede ofrecer.

P.D.- Tryp Habana Libre, era justamente el hotel donde me alojé. Un nombre que de hecho me llamó la atención y que me trajo a la memoria las ideas de Sen sobre libertad. De ahí el título del post.

Habana Libre

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Tuve la fortuna de conocer Cuba recientemente y conocer una realidad que tantas veces había leído en el blog Generación Y, de Yoaní Sanchez. Por supuesto que la experiencia no iba a ser la misma que la de aquellos cubanos que día a día viven y sobreviven en una isla de la cual yo no entendía por qué tanto alboroto. Comprenderán que este post no es un relato de mis aventuras cubanas sino la narración desde la mirada de un economista.

Curiosamente me sentí contento, como a quien le dicen que va a conocer alguna civilización casi extinta. De comunistas/socialistas o como quisiesen denominarse. Ideas que para el mundo occidental ya habían demostrado ser fallidas. Quería conocer cómo era ese Socialismo del Siglo XX y si en algo era mejor que ese Socialismo del Siglo XXI que cierto individuo agorilado pretende hacer creer (al pueblo venezolano) que es la vanguardia del pensamiento económico.

Una señorita que de casualidad viajaba conmigo en esos andares por La Habana señaló algo que me pareció curioso y que se vende como una idea exótica y superior. Y la frase que soltó fue “y es que aquí todos son iguales”. ¿Iguales? En qué sentido son iguales. Porque previamente el guía había explicado que los cubanos ricos habían decidido emigrar durante la revolución… y ahora todos eran iguales.

¿Pobres? Fue el primer pensamiento que me asaltó. Podrá sonar insensible pero esa era la realidad que se me revelaba a cada paso. No había vuelta que darle. Todos eran pobres. Por consiguiente, todos eran iguales. (Con sus excepciones revolucionarias, como se ve en la foto.)

Un Audi A4 avistado alegremente en La Habana, donde todos son iguales.Audi - Habana

Un paréntesis: una de las cosas que me pareció muy interesante fue que el racismo parecía inexistente. La isla había sido colonizada por españoles y por negros africanos. Sus descendientes pueblan la isla y no existe entre ellos – al menos en mi experiencia – un atisbo de desprecio entre ellos. Para mí, algo sorprendente y tal vez uno de los mayores éxitos de la revolución: creó un pueblo que no distingue por el color de piel.

Se me hizo notar que “todos eran iguales”… pero tal vez en cuanto a su riqueza material. En lo que podían adquirir. Sin embargo, en ciertas miradas se podía distinguir inconformismo, esa característica tan humana de querer más de lo que tenemos, de ser más de lo que somos. No un simple homo economicus, sino un hombre completo. El sentirse que esa situación no podía ser así.

Tuve la oportunidad de conversar con muchos habaneros. Si bien algunos se sentían felices viviendo así, otros, los de mirada disconforme referían que la vida no podría sobrellevarse si no trabajaban todos (dentro de la familia) por los quince pesos convertibles que ganaban al mes (alrededor de 16.20 dólares). Ellos no querían ser iguales y les estaban negando la oportunidad de sobresalir. Tal vez sus necesidades básicas estaban satisfechas. Tal vez tenían comida, vestido, educación, salud. Pero algunos quieren probar qué se siente sobresalir. Ser mejor que los demás. En general libertad.

Libertad como la describiría Amartya Sen. Aquella libertad que nos hace más felices, que nos hace “más ricos”, una riqueza intelectual, espiritual, cultural. Y en Cuba, una nación que se jacta de tener unos niveles altos de educación y salud, falta libertad. Qué importaba ya la libertad de expresión si ni siquiera la libertad de prosperar, de sobresalir se puede ofrecer.

P.D.- Tryp Habana Libre, era justamente el hotel donde me alojé. Un nombre que de hecho me llamó la atención y que me trajo a la memoria las ideas de Sen sobre libertad. De ahí el título del post.

Pobreza, Pensiones y Política

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Esta semana me gustaría hacer eco de un artículo muy interesante escrito por un excelente profesor de la PUCP, el Dr. José Távara.

El artículo lo leí originalmente en el blog Actualidad Económica del Perú y lo copio íntegro a continuación.

 

Pobreza, Pensiones y Política

José I. Távara

Profesor PUCP

Arrancó la campaña electoral pero aún no sabemos si los candidatos tendrán la voluntad y el coraje de enfrentar, con estrategias y metas explícitas, el problema central de la pobreza que aun afecta a millones de compatriotas y se transmite a sus siguientes generaciones. Debería indignarnos y avergonzarnos que los niños y niñas pobres de nuestro país, no puedan acceder aún, en pleno siglo XXI, a servicios básicos de calidad que les permitan estar y crecer sanos, bien nutridos y educados, desarrollarse plenamente y ser felices.

La codicia de los poderosos y el cinismo de nuestros líderes han generado mecanismos de transmisión intergeneracional de la pobreza. Hemos avanzado muy poco en salud y educación, retrocedido en seguridad, y no se ha reformado el Estado para ponerlo al servicio de los ciudadanos. La reforma de los sistemas de pensiones ha fracasado por excluyente, pues sólo alcanza al 15% de la PEA, uno de los niveles más bajos de América Latina. Más del 70% de los adultos mayores carecen de protección social, una cifra que se eleva al 98% en las familias pobres rurales. Según proyecciones demográficas, el porcentaje de mayores de 65 años se elevará del 6% actual al 16% en el 2050, lo cual elevará la demanda por servicios de salud y seguridad social.

La desprotección de las personas mayores, genera mecanismos de transmisión y agudización de la pobreza. Hacerse cargo de ellas puede representar, para una familia pobre, permanecer en la pobreza o caer en la pobreza extrema. Por ello es urgente poner en marcha un sistema de pensiones solidarias no contributivas, es decir que no requieren de cotización previa a la seguridad social.

Estos sistemas se encuentran ampliamente difundidos a nivel mundial, y en la región destacan Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Costa Rica y Uruguay. Ellos permiten otorgar pensiones a personas mayores de familias pobres, que no están cubiertas por los sistemas contributivos. Según un estudio publicado el 2009 por la Mesa de Lucha Contra la Pobreza, otorgar una pensión solidaria de sólo 100 soles mensuales a personas pobres mayores de 65 años, que no reciben otra pensión, tendría un alto impacto en reducir la pobreza, a un costo total del orden del 0.25% del PBI (alrededor de mil doscientos millones de soles de hoy).

En agosto pasado el gobierno anunció un plan piloto de pensiones solidarias, pero se limita a los mayores de 75 años en extrema pobreza de 3 departamentos, con una partida de solo 2 millones de soles. Es urgente avanzar hacia un sistema con mayor alcance y cobertura, y por ello es impostergable una reforma integral de los otros pilares de la seguridad social, incluyendo los sistemas contributivos. Necesitamos un régimen de AFP menos confiscatorio y más equitativo con los trabajadores. Sin una expansión de la cobertura de estos sistemas, que pasa por una nueva ley de AFP, reformas en el régimen público de la ONP, y una reforma tributaria con crecimiento del empleo formal, será más difícil asegurar la sostenibilidad financiera de las pensiones solidarias, y de la seguridad social en general.

El Ministro de Economía considera irresponsable que los candidatos ofrezcan subir los sueldos, y su argumento podría extenderse a las pensiones solidarias propuestas en éste artículo. Bien vistas las cosas, sin embargo, lo irresponsable es continuar postergando, como lo han hecho los últimos gobiernos, reformas fundamentales en la tributación, la seguridad social, la salud y la educación, de las cuales depende el desarrollo de nuestro país y el bienestar de las futuras generaciones. Esperemos que gane el candidato con la voluntad y la capacidad de liderar estas reformas, de manera firme y efectiva.